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Los Domainers, un negocio millonario que crece en Argentina

Publicado en la categoría Domainer Spain | Escrito por Miguel Angel Ivars Mas

En Cancillería hay 1.3 millones de dominios
registrados. Es el país de América latina que más tiene. Hacer el
trámite es gratis y hay gente que vive de inscribir nombres comerciales
como propios y después venderlos.

En el año 2001 se registraron 135.608 dominios de Internet que terminan
en “.ar”. Desde entonces el registro oficial, que administra Nic
Argentina de la Cancillería, no paró de crecer. El año pasado se
registraron 180.000 y la curva es ascendente. Al punto que Argentina es
el país de Sudamérica con mayor número de dominios territoriales
registrados: 1,3 millones, de los cuales se calcula que medio millón
están activos, es decir, convertidos en sitios web. Es parte de la
explicación el negocio que se puede hacer con un dominio.

Necesaria aclaración antes de continuar, a cargo de Christian Chena, uno de los grandes “domainers” del mundo hispanoparlante. “Un ‘domainer’
es un inversor de dominios de Internet, que registra o compra nombres
para luego desarrollarlos y/o venderlos. Trata cada dominio como bienes
raíces electrónicos con fines legítimos y transparentes. “Ciberokupa”
es quien registra dominios de marcas ajenas o nombres de famosos para
explotarlos. Repudio todo acto de ciberokupismo”, dice a Clarín.

En países con mayor población como México o Brasil no hay tantos “.mx”
o “.br” como “.ar” hay en Argentina. Un detalle: Argentina es el único
país de América Latina en el que registrar un dominio geográfico es gratis. Gustavo Soliño, coordinador de Nic Argentina, recibe a Clarín
en su oficina del Ministerio de Relaciones Exteriores para explicar su
visión: “En Argentina, hay también un mayor desarrollo de Internet. En
parte se debe a que el registro es gratis. Por ejemplo, hay muchos
municipios y provincias que promueven el uso de la tecnología de la
información en sectores productivos. Al ser gratis y con una ayuda en
el diseño de la página, gente que no tendría acceso logra hacer así su
primera experiencia”.

¿Cómo se hace un registro? Sin gestores y vía Internet, a través del sitio www.nic.ar.
“Si le solicita a alguien que le registre un dominio —aconseja Soliño—,
verifique que usted sea la entidad registrante”. El que ayude o haga la
gestión debería ser apenas la “persona responsable”. De lo contrario se
convierte en el dueño del dominio.

¿Cuál es el criterio para
otorgarlo? El que primero lo pide, primero lo tiene. Aunque hay
filtros. Un robot reconoce a las personalidades o marcas conocidas, que
“saltan” en Nic y entonces aparece el filtro humano. Por eso, hasta
ayer, un pedido por macrimauricio.com.ar tenía dos solicitudes
pendientes. Ahora, si uno es un “Don Nadie”, perdió: cualquiera puede
registrarlo.

En caso de disputa, no existe en el país ningún mecanismo rápido y
sencillo para resolver controversias: hay que ir a la Justicia
ordinaria. Y se sabe que la Justicia está muy atareada. Un “ciberokupa”
con cientos de “.ar” en su stock dijo a Clarín: “Si alguien me pelea un dominio, tarda dos años. En ese tiempo, lo vendo o transfiero a otro”.

También hay que tener en cuenta que los datos deben ser actualizados.
Como el dominio expira al año de ser otorgado, si el dueño no lo
renueva, queda libre para el mercado otra vez. Y en el mercado, “domainers”
y “ciberokupas” están al acecho de los buenos nombres. ¿Cuáles son?
Dice Chena: “Nombres genéricos que obtengan visitas intuitivas. Cuando
uno cuenta con esta clase de nombres, ya se trata sólo de pensar cómo y
cuánto quieres ganar diariamente con ellos, ya que la audiencia que
captan es alta, responde al contenido que esté desplegado en cada
dominio, y representan un ahorro publicitario enorme (sin mencionar el
potencial de posicionamiento de marca de cada uno de ellos).”.

Un ejemplo: juegos.com.ar. Conduce a lo que se llama un “parking de
dominios”. El dueño ganará por cada click que se haga en los anuncios
de ese “parking”.

Todo este negocio origina un debate ético y jurídico sobre esta
actividad en la que hay un vacío legal. “Con la ciberokupación se puede
engañar y favorecer actividades ilegales porque se aceptan registros
sin que se verifique la identidad. Haría falta documentación
complementaria”, dice Daniel Monastersky, abogado, CEO del portal www.identidadrobada.com. “Es necesaria una regulación”.


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